Eran las 4 am y mis ojos seguían abiertos observando el techo. Acababa de despertarme de un mal sueño que en mi infancia se repetía una vez tras otra.
Desde muy corta edad siempre había soñado conmigo misma en una cuna dormida, me despertaba pero no había nadie y aunque lloraba nunca me atendían...
Siempre que tengo sueños con respecto al pasado comienza mi tortura interminable de por qué la vida a sido tan dura conmigo, y para ser más exactos no debería culpar a la vida, si no a mis padres.
Desde antes de yo nacer mis padres decidieron separase. Mi madre una adolescente de 16 años de una clase social baja, muy baja. Mi padre un joven de 28 acomodado y con un pequeño detalle, drogadicto.
Me crié hasta los 2 años en un centro de Maternidad hasta que mi madre se casó con un hombre y pudo mantenerme, y no vi a mi padre hasta que tenía esta edad. Mi madre me contó que mi padre se encerró en casa durante 4 meses sin ver a nadie, totalmente aislado, y así fue como dejó las drogas. Sin duda los mejores años de mi infancia que recuerdo son junto a él, esos dos días a la semana que lo veía son mi único recuerdo feliz que tengo.
Cuando yo ya tenía 8 años mis padres decidieron casarse, volver a intentar después de tantos años una vida juntos, y el resultado fue y sigue siendo una relación tormentosa. He visto como ellos dos se han ido hundiendo sin poder evitarlo, viendo como yo sabía en lo que iban a acabar y sin poder evitarlo.
Recuerdo noches en las que se oían gritos y salía de la habitación asustada, mi padre rodeando el cuello de mi madre y arrastrándola por los suelos...
Yo soñaba y soñaba. Soñaba con ser una niña como esas que iban a mi colegio, unos padres respetuosos y felices, pero la realidad era muy distinta aunque yo hacía todo lo posible para no aparentarlo. Crecí llena de traumas. Miedo al abandono, miedo a la oscuridad, miedo a morirme, miedo a no volver a ver a mis padres, miedo a los gritos, miedos y miedos.